La nariz es el centro del rostro. Es lo primero en lo que se posa la mirada en una fotografía y el rasgo más difícil de ocultar. Así que no sorprende que quienes no están a gusto con su nariz piensen en ella mucho más que cualquiera de las personas que los rodean, ni que cambiarla pueda cambiar algo más que un perfil. Tras más de 5.000 rinoplastias, el Dr. Teker ha comprobado que la satisfacción más duradera es la de los pacientes que entendieron de antemano lo que la cirugía puede y no puede hacer por cómo se sienten.
Apariencia e imagen de uno mismo
La autoestima no es lo mismo que la vanidad. Es la tranquila certeza de que se le puede mirar sin que uno se encoja. Alguien que ha pasado años apartando la cara de las cámaras, o girando la cabeza en las conversaciones para ocultar el perfil, ha estado pagando un pequeño impuesto diario sobre esa certeza. La nariz se convierte en una distracción de todo lo demás que esa persona es.
Cuando el rasgo que molestaba se pone en equilibrio, ese impuesto desaparece. Los pacientes suelen describirlo no como sentirse guapos, sino como sentirse neutrales, como dejar de pensar en su nariz por completo. Esa neutralidad es lo mejor que deja una buena rinoplastia.
Lo que cuentan los pacientes
Hay cambios que se repiten una y otra vez en las visitas de seguimiento:
- Comodidad en las fotografías y en las videollamadas, incluso al ser fotografiados de perfil.
- Menos comparación con los demás y menos atención a cómo son las narices de otras personas.
- Más disposición a hablar en grupo, en el trabajo y en la vida social.
- La sensación de que el rostro por fin coincide con la persona que sentían ser.
Son cambios modestos, cotidianos. Y son también los que perduran, porque se apoyan en algo que cambió de verdad.
Por qué las expectativas deciden la satisfacción
La misma operación puede dejar a dos pacientes con sensaciones muy distintas, y la diferencia suele estar en lo que esperaban. Una rinoplastia cambia la nariz. No cambia el resto del rostro, una relación, una carrera profesional ni la forma en que una persona se siente consigo misma en general. Cuando se le pide a la cirugía que cargue con todo eso, decepciona incluso cuando la nariz queda excelente.
El Dr. Teker dedica buena parte de la consulta a esto. Los cambios previstos se muestran sobre las propias fotografías del paciente, los límites que marcan la piel y el cartílago se explican con sinceridad y el calendario de recuperación, con su larga cola de hinchazón en la punta, se detalla con claridad. Un paciente que sabe que la punta seguirá firme a los tres meses no se alarma por ello; un paciente que esperaba el resultado definitivo a las tres semanas puede perder la confianza en un resultado que va camino de ser muy bueno.
Mejora, no perfección
Los rostros son asimétricos. Las narices son asimétricas. Una rinoplastia hace que una nariz esté mejor proporcionada, más recta, más refinada, pero no la hace geométricamente perfecta, y una nariz perfecta resultaría extraña en un rostro humano. Los pacientes que entran en el quirófano buscando un ideal, o una copia de la nariz de otra persona, rara vez quedan satisfechos con ningún cirujano. Los que quieren su propia nariz, mejorada, casi siempre lo están.
Por eso también el Dr. Teker es prudente con los pacientes muy centrados en un pequeño detalle que los demás no ven, o que ya se han operado varias veces en otros sitios y siguen angustiados. A veces el consejo correcto es no operar, y parte de la responsabilidad de un cirujano es decirlo.
Prepararse
Hay algunas preguntas que conviene responder con sinceridad antes de la cirugía. ¿Qué es exactamente lo que le molesta de su nariz, en palabras que podría explicar a otra persona? ¿Qué espera que sea distinto en su vida después? ¿Lleva mucho tiempo deseándolo o lo ha motivado algo reciente? ¿Alguien le está presionando, o alguien a quien quiere está en contra?
Ninguna de ellas tiene una respuesta incorrecta, pero le indican a usted y a su cirujano si el momento es el adecuado. Una rinoplastia hecha por uno mismo, tras una larga reflexión y con una idea clara del cambio, es la que tiene más probabilidades de traer esa confianza serena que la gente espera.
Las semanas posteriores
Hay un período, normalmente en la segunda y tercera semana, en que la férula ya no está pero la nariz sigue hinchada y resulta desconocida, y muchos pacientes sienten un bajón. Es normal y pasa a medida que la forma va apareciendo. Saber que va a llegar hace más fácil sobrellevarlo. A los tres meses, la mayoría de los pacientes han dejado de estudiar su nariz en el espejo, y ese es el momento en que la operación ha cumplido su verdadera función.